domingo, 6 de junio de 2010

Convocatoria a 8 años de la masacre del puente Pueyrredón. Día del periodista.

El Sábado 12/6 - 16 horas, en Avenida Belgrano 2527 Ate Nacional Capital Federal,nos juntamos para seguir organizando la Jornada Cultural del 25 y 26 de Junio de este año en la Estación DARIO Y MAXI (Ex Estación Avellaneda), manteniendo firme la memoria al cumplirse ocho años de los asesinatos de nuestros compañeros. Esta convocatoria está dirigida a todo/a aquel/lla que quiera intervenir en esta jornada histórica, aportando a la construcción de la Muestra Permanente de Arte en la Estación Darío y Maxi, al mismo tiempo que se participa en la lucha contra la impunidad y la injusticia. Por eso, como en años anteriores, convocamos a trabajadores y trabajadoras artistas plásticos/as, músicos/as, poetas, actores, actrices, directores y directoras teatrales, realizadores/as audiovisuales, grabadores/as, ceramistas, muralistas, performers, clowns, murgueros/as, dramaturgos/as, cocineros/as, cineastas, fotógrafos/as, periodistas, escritores/as, escultores/as, plomeros, docentes, estudiantes, panaderos/as, serigrafistas, electricistas, trabajadores/as estatales, herreros/as, carpinteros/as, albañiles/as, trabajadores domésticas, amigos/as, familias, compañeros y compañeras.

Darío y Maxi fueron parte de los 4.000 desocupados que el 26 de junio nos movilizamos al Puente Pueyrredón. Junto a sus compañeras y compañeros del barrio, aquella mañana compartieron desde temprano las tareas organizativas para la jornada. Cada día trabajaban en emprendimientos comunitarios, se organizaban, soñaban. Con su lucha buscaban cambiar la sociedad, construir un futuro con justicia, trabajo y dignidad para todos.
La seguridad en las marchas y piquetes se había convertido en una obsesión para los movimientos que integramos la Verón, en especial desde la asunción de Duhalde el 1 de enero de 2002.
Darío era uno de los compañeros que mejor expresaba esa preocupación. El asesinato de Javier Barrionuevo durante un piquete en Esteban Echeverría, el 6 de febrero de 2002, había sido claramente entendido por todos nosotros como una provocación del gobierno. El agresor, Jorge Batata Bogado, era un comerciante amigo de la comisaría de El Jagüel y protegido del intendente de Ezeiza, el peronista Alejandro Granados. Batata Bogado sorteó el retén policial de madrugada con la complicidad de los agentes que permanecieron en el interior del patrullero. Avanzó hacia el piquete con su Ford Falcon, discutió con los muchachos que no lo dejaron pasar y con su arma hizo dos disparos. Uno le atravesó el cuello a Javier y lo mató. “No me jodan que no quiero matar a nadie más”, amenazó.
Maximiliano Kosteki y otros pocos compañeros de su barrio estuvieron socorriendo heridos y tirando piedras, organizando la resistencia al inicio de la represión. Engrosaron, junto al resto, las primeras líneas de la columna, aunque Maxi no estuvo cara a cara con los policías cuando todo empezó. Una vez que sonaron los primeros disparos, ajustó su bufanda negra y su gorra con visera para que no molestaran su visión, e imitó al resto de los piqueteros que hacíamos el aguante.
Era la primera vez que participaba de una situación así, de represión y resistencia, y no lo hizo mal: se mantuvo siempre cerca de los compañeros que conocía, recogió y tiró piedras contra el cordón policial, respondió con atención cuando alguna voz más experta alertaba, ante el avance policial: “vamos, vamos, vamos” y todos iniciaban la corrida por la avenida unos pocos metros hacia atrás, para retomar una posición más firme con nuevas barricadas y seguir resistiendo. Cuando lo hirieron de muerte, su compañero Héctor Fernández estaba a su lado y lo cargó para llevarlo a la estación buscando refugio.
Más de 400 efectivos de cuatro fuerzas de represión interior participaron del operativo del 26 de junio en Avellaneda. Lo hicieron uniformados o de civil, dejando constancia oficial o sin que quedara registro. Convocaron incluso a personal retirado que actuó como paramilitar. Al menos dos grupos de agentes se conformaron en forma ilegal como “grupos de tareas” con el objetivo de dar muerte a los manifestantes, asumiendo la autoría material de una operación política que estaba muy por encima de sus responsabilidades concretas en el accionar criminal.
Primero montaron una provocación. Después la represión se extendió por un radio de más de 20 cuadras del Puente Pueyrredón y dejó al menos 33 compañeros heridos con postas de plomo. El número de muertos pudo haber ascendido a quince, si tenemos en cuenta los manifestantes que recibieron impactos en zonas vitales como el pecho o la cabeza. Además de los piqueteros, fueron heridos una asambleísta de Capital, una médica, un empleado ferroviario y un funcionario de la Municipalidad de Avellaneda. Hacia el sur, la cacería llegó hasta la estación de Gerli, en la frontera entre Avellaneda y Lanús, a una distancia de dos kilómetros del Puente. Hacia el este, abarcó once cuadras por la avenida Mitre y su calles paralelas. Una hora después de despejado el Puente y a más de 15 cuadras del lugar, todavía los policías seguían disparándonos con munición de guerra.
Mario Pérez fue el primer cumpa que recibió un impacto de munición de plomo, al inicio de la represión. Estaba en la vereda del bingo de Avellaneda cuando escuchó los primeros disparos y vio caer un cartucho de gas lacrimógeno a medio metro, sobre el asfalto. Tuvo el impulso de darse vuelta y correr, pero sintió un golpe seco en la pierna derecha y otro en la izquierda. Cayó sobre la vereda e inmediatamente alguien lo levantó y lo ayudó a que corriera con él. Era Darío, quien lo acompañó en la retirada hasta que encontraron a Enrique, el hijo de Mario. Darío volvió a agruparse con sus compañeros y Mario, de 44 años, y su hijo mayor pudieron llegar a la estación de servicio Shell, desde donde una ambulancia los trasladó al hospital. Mario se había movilizado aquel día con el MTD de Florencio Varela, con su familia y sus vecinos.
“Cuando atravesaron el hall de la comisaría primera de Avellaneda y se asomaron al primer patio, el diputado Villallba y el abogado Palmeiro sintieron que habían traspasado algo más que un espacio físico: que habían retrocedido en el tiempo a la dictadura militar, al campo de Auschwitz, al caos del hospicio de Charendon o del más criollo y perverso asilo Montes de Oca”, relató Miguel Bonasso en el diario Página/12 del 30 de junio. Las cifras son contundentes: 160 detenidos, de los cuales 52 eran mujeres, siete de ellas embarazadas. 43 de los arrestados eran menores de edad. Once de ellos, con heridas de plomo o goma, causantes de daños suficientemente graves como para que hayan tenido que ser trasladados, aun en condición de detenidos, al hospital.
La estación de trenes de Avellaneda fue el lugar elegido por el grupo de tareas que comandó el comisario Fanchiotti para coronar el objetivo criminal: de allí debían sacar muertos que pudieran atribuirnos a los piqueteros. Entraron primero y produjeron los disparos que después dijeron haber escuchado desde afuera. Mataron pretendiendo no saber qué había pasado con los cadáveres. Borraron cada detalle del accionar criminal. La torpeza de fusilar a Darío por la espalda en un lugar lleno de fotógrafos dio pie al inicio del fracaso de toda la operación.


En el día del periodista, INFORMACIÓN VILLAGUAY quiere transmitirles el saludo y reconocimiento a los compañeros trabajadores de prensa.

Que realizando esta noble labor de informar objetivamente fortalecen los espacios de opinión y garantizan el ejercicio democrático de la información y la libertad de expresión de las ideas. Ejerciendo así un rol decisivo en el afianzamiento de nuestros intereses como nación.

Saludo a Uds. cordialmente.


EQUIPO DE INFORMACIÓN VILLAGUAY.

0 comentarios:

 
WEB ENTRE RÍOS Copyright © 2009 Blogger Template Designed by Bie Blogger Template